Opinión: la IA deja de conversar y empieza a hacer cosas
Las novedades de septiembre de OpenAI, Google y Anthropic apuntan en la misma dirección: agentes que actúan por nosotros.
Las novedades de septiembre de OpenAI, Google y Anthropic apuntan en la misma dirección: agentes que actúan por nosotros.

En pocas semanas, OpenAI abrió su Agents API para que cualquier empresa construya agentes; Google lanzó la comprensión de vídeo «agéntica» en sus modelos Gemini, capaz de buscar e inspeccionar fragmentos concretos de un vídeo; y Anthropic anunció una academia para formar a 10.000 ingenieros que desplieguen Claude en empresas. No son anuncios aislados.
Durante tres años, la IA ha sido sobre todo una conversación: preguntas y respuestas. La nueva fase consiste en delegar: que el sistema abra páginas, rellene formularios, revise documentos o escriba código durante minutos u horas. Eso cambia la pregunta clave. Ya no es «¿responde bien?», sino «¿puedo confiar en lo que hace cuando no miro?».
Un agente útil necesita permisos: acceso al correo, a archivos o a pagos. Cuantos más permisos, más daño puede causar un error o un engaño. Por eso importa tanto la formación de quienes los despliegan y la transparencia de las empresas sobre sus límites.
Los agentes pueden ahorrar mucho trabajo tedioso, pero conviene empezar por tareas de bajo riesgo, revisar siempre el resultado y no conceder acceso a cuentas importantes sin entender qué hará el sistema. La ciencia ficción, de HAL 9000 a Ex Machina, lleva décadas avisándonos de este dilema.
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